Cultura
8 Mar 2026
El primer museo aeronáutico privado del país está en la Zona Oeste
Por: Leandro Fernández Vivas.
“Tengo un gran orgullo”, resumió Patricio Seidel sobre el Museo Hangar Zero. El espacio reúne piezas de la historia aeronáutica: cabinas de aviones Mohawk, un simulador de P-80 Shooting Star y hasta un fragmento de la tela original del Flyer de los hermanos Wright.
Entre cabinas, instrumentos y piezas que alguna vez formaron parte de aeronaves en servicio, el Museo Hangar Zero conserva fragmentos de la historia de la aviación. El espacio funciona dentro de un hangar del Aeródromo de General Rodríguez y reúne objetos vinculados al vuelo que fueron rescatados a lo largo de décadas. Ituzaingó Digital visitó el lugar y conversó con su director y fundador, Patricio Seidel, sobre el origen de la colección y su transformación en un museo formal.
“Todo es aeronáutico. Yo empecé coleccionando de chico, siempre fui coleccionista nato: monedas, billetes, lo que sea. Después, cuando entré en aviación, me llamaba mucho la atención cómo se despreciaba la historia. Lo viejo se tiraba”, explicó. En ese contexto comenzó a rescatar objetos que otros descartaban. “Mirar tachos de basura y juntar. Había muchas cosas que terminaban tiradas y tenían historia”, recordó.
Durante años, las piezas estuvieron exhibidas en su oficina. “Yo tenía una oficina bastante grande donde había vitrinas y puse todo ahí. En 1995 vendí la oficina y en 2001 compré este hangar. Me traje todo al hangar y construí esto”, relató. Desde entonces el espacio fue creciendo con nuevas incorporaciones. “Se fue ampliando… y tengo que seguir ampliando porque me estoy quedando sin lugar. Es increíble la cantidad de gente que me trae cosas cuando ve que alguien las está cuidando”, agregó.
El lugar comenzó como una colección privada abierta a visitantes. “Me decían museo, pero no era un museo. Era la exhibición de una colección privada”, explicó Seidel. Esa situación despertó la inquietud de formalizar el espacio y darle reconocimiento institucional.
El proceso llevó varios años. “Averigüé en la Provincia de Buenos Aires, que tiene un departamento de museos. Pedía formularios, llamaba por teléfono. Había buena onda, pero mucha burocracia”, relató. En paralelo inició gestiones ante organismos nacionales. “Consulté con Nación para que sea reconocido como museo. Costó cuatro años”, señaló.
El reconocimiento oficial llegó en noviembre de 2025. “Llegó la autorización de la Provincia de Buenos Aires como museo aeronáutico sin fines de lucro. No se cobra entrada, no se vende Coca-Cola ni souvenirs", explicó. Poco después se sumó otra distinción. “Llegó el reconocimiento del Ministerio de Cultura de la Nación y pasamos a integrar la red de museos argentinos”, agregó.
Ese paso convirtió a Hangar Zero en un caso singular en el país. “Es el primer museo aeronáutico privado de la Argentina reconocido formalmente como museo”, afirmó. La nueva condición institucional también permite intercambiar piezas con otras instituciones. “Como museo podemos hacer trueques con otros museos. Un particular no puede, por ética”, explicó.
La colección reúne objetos vinculados a distintos ámbitos del sector. “Está toda la aviación: civil privada, aeroclubes, líneas aéreas y también aviación militar. Todo lo que vuela o está relacionado al vuelo, bienvenido sea”, señaló. La mayor parte de las piezas corresponde a la historia aeronáutica nacional. “Hay elementos de aviación extranjera, pero el 95% es argentina”, precisó.
El recorrido incluye objetos que formaron parte de la experiencia de volar en distintas épocas. “Hay bolsos que se regalaban a los pasajeros, cosas que se daban a autoridades o pasajeros VIP”, comentó. También se conservan instrumentos históricos, como calculadores de vuelo utilizados por pilotos décadas atrás.
Entre las vitrinas aparecen piezas vinculadas a episodios de la historia argentina. Se exhibe el casco de vuelo de Pipi Sánchez, piloto de la Guerra de Malvinas, junto con los guantes que utilizó durante el conflicto y trabas de bombas correspondientes al 8 de junio. También hay recuerdos del vuelo del papa Juan Pablo II a la Argentina en 1982.
El hangar reúne además cabinas e instrumentos de aeronaves. Se pueden ver cabinas de OV-1D Mohawk que volaron para el Ejército Argentino, el puesto del ingeniero de vuelo de un Boeing 707 y un simulador de cabina de un P-80 Shooting Star. La colección suma tanques de combustible de F-86 Sabre y A-4 Skyhawk, uniformes de aerolíneas, maquetas, fotografías y piezas recuperadas de aviones accidentados.
Entre los objetos más curiosos se encuentra un pequeño fragmento certificado de la tela original del Flyer de los hermanos Wright, considerado el primer avión de la historia. En el hangar también se puede ver un Boeing Stearman que continúa en vuelo y es pilotado por el propio Seidel.
“En Hangar Zero reunimos un conjunto de artefactos y objetos de la aviación, principalmente de la aviación argentina. Comenzó como una colección privada y hace cuatro años iniciamos el proceso para hacerlo formalmente museo. A fines del año pasado llegó la aprobación”, resumió su fundador.
El museo funciona dentro del Aeródromo de General Rodríguez, se llega desde el Acceso Oeste hasta la Ruta 6 y de allí, unos diez kilómetros, hasta la intersección con el arroyo La Choza. El espacio continúa ampliándose con nuevas donaciones y piezas que se incorporan a la colección. “Todo esto es para promover la educación, la cultura y el turismo”, señaló Seidel.
Mirá el video de esta nota en este REEL.
“Todo es aeronáutico. Yo empecé coleccionando de chico, siempre fui coleccionista nato: monedas, billetes, lo que sea. Después, cuando entré en aviación, me llamaba mucho la atención cómo se despreciaba la historia. Lo viejo se tiraba”, explicó. En ese contexto comenzó a rescatar objetos que otros descartaban. “Mirar tachos de basura y juntar. Había muchas cosas que terminaban tiradas y tenían historia”, recordó.
Durante años, las piezas estuvieron exhibidas en su oficina. “Yo tenía una oficina bastante grande donde había vitrinas y puse todo ahí. En 1995 vendí la oficina y en 2001 compré este hangar. Me traje todo al hangar y construí esto”, relató. Desde entonces el espacio fue creciendo con nuevas incorporaciones. “Se fue ampliando… y tengo que seguir ampliando porque me estoy quedando sin lugar. Es increíble la cantidad de gente que me trae cosas cuando ve que alguien las está cuidando”, agregó.
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El lugar comenzó como una colección privada abierta a visitantes. “Me decían museo, pero no era un museo. Era la exhibición de una colección privada”, explicó Seidel. Esa situación despertó la inquietud de formalizar el espacio y darle reconocimiento institucional.
El proceso llevó varios años. “Averigüé en la Provincia de Buenos Aires, que tiene un departamento de museos. Pedía formularios, llamaba por teléfono. Había buena onda, pero mucha burocracia”, relató. En paralelo inició gestiones ante organismos nacionales. “Consulté con Nación para que sea reconocido como museo. Costó cuatro años”, señaló.
El reconocimiento oficial llegó en noviembre de 2025. “Llegó la autorización de la Provincia de Buenos Aires como museo aeronáutico sin fines de lucro. No se cobra entrada, no se vende Coca-Cola ni souvenirs", explicó. Poco después se sumó otra distinción. “Llegó el reconocimiento del Ministerio de Cultura de la Nación y pasamos a integrar la red de museos argentinos”, agregó.
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Ese paso convirtió a Hangar Zero en un caso singular en el país. “Es el primer museo aeronáutico privado de la Argentina reconocido formalmente como museo”, afirmó. La nueva condición institucional también permite intercambiar piezas con otras instituciones. “Como museo podemos hacer trueques con otros museos. Un particular no puede, por ética”, explicó.
La colección reúne objetos vinculados a distintos ámbitos del sector. “Está toda la aviación: civil privada, aeroclubes, líneas aéreas y también aviación militar. Todo lo que vuela o está relacionado al vuelo, bienvenido sea”, señaló. La mayor parte de las piezas corresponde a la historia aeronáutica nacional. “Hay elementos de aviación extranjera, pero el 95% es argentina”, precisó.
El recorrido incluye objetos que formaron parte de la experiencia de volar en distintas épocas. “Hay bolsos que se regalaban a los pasajeros, cosas que se daban a autoridades o pasajeros VIP”, comentó. También se conservan instrumentos históricos, como calculadores de vuelo utilizados por pilotos décadas atrás.
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Entre las vitrinas aparecen piezas vinculadas a episodios de la historia argentina. Se exhibe el casco de vuelo de Pipi Sánchez, piloto de la Guerra de Malvinas, junto con los guantes que utilizó durante el conflicto y trabas de bombas correspondientes al 8 de junio. También hay recuerdos del vuelo del papa Juan Pablo II a la Argentina en 1982.
El hangar reúne además cabinas e instrumentos de aeronaves. Se pueden ver cabinas de OV-1D Mohawk que volaron para el Ejército Argentino, el puesto del ingeniero de vuelo de un Boeing 707 y un simulador de cabina de un P-80 Shooting Star. La colección suma tanques de combustible de F-86 Sabre y A-4 Skyhawk, uniformes de aerolíneas, maquetas, fotografías y piezas recuperadas de aviones accidentados.
Entre los objetos más curiosos se encuentra un pequeño fragmento certificado de la tela original del Flyer de los hermanos Wright, considerado el primer avión de la historia. En el hangar también se puede ver un Boeing Stearman que continúa en vuelo y es pilotado por el propio Seidel.
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“En Hangar Zero reunimos un conjunto de artefactos y objetos de la aviación, principalmente de la aviación argentina. Comenzó como una colección privada y hace cuatro años iniciamos el proceso para hacerlo formalmente museo. A fines del año pasado llegó la aprobación”, resumió su fundador.
El museo funciona dentro del Aeródromo de General Rodríguez, se llega desde el Acceso Oeste hasta la Ruta 6 y de allí, unos diez kilómetros, hasta la intersección con el arroyo La Choza. El espacio continúa ampliándose con nuevas donaciones y piezas que se incorporan a la colección. “Todo esto es para promover la educación, la cultura y el turismo”, señaló Seidel.
Mirá el video de esta nota en este REEL.
Leandro Fernández Vivas
Periodista
Técnico Universitario en Periodismo.
Director Periodístico en Castelar Digital.
Socio Fundador de Ocho Ojos.















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